Cooperativas de mujeres con olor a libertad

  • Manos Unidas ha dado las herramientas necesarias para que puedan mantener un proyecto sólido y trabajar en el aceite de karité, maíz, arroz y cultivo de huertos

Solo parecen unas cartulinas con unos dibujos, pero su utilidad cambia algunas zonas del mundo. Esa ilustración puede transformar el civismo de toda una población y son ellas, las mujeres, las encargadas de mejorar su mundo. Parece muy alejado a una educación reglada, pero las animadoras de Fô-Narerou-Buko del país africano de Benín emplean el método Grapp para alfabetizar a sus vecinos en normas básicas de conducta, higiene y salud.

Cuatro nombres propios son los que, cada quince días, llegan a estos pueblos de la comuna de Sinendé para seguir creando una sociedad más avanzada: Lea, Alice, Caroline y Elisabeth. El programa de formación, que lleva en marcha desde 1996, ha conseguido grandes triunfos como la desaparición de la mutilación genital femenina, la disminución de la tasa de mortalidad materno-infantil y del número de abortos y del descenso de la violencia en el hogar. Actualmente, el sacerdote madrileño de la Diócesis de Barbastro-Monzón, Rafael Quirós, es el encargado de suceder este proyecto iniciado por misioneros españoles.

Pero antes de comenzar con el método Grapp, las instructoras y mujeres de los poblados se ponen manos a la obra para recrear sus vidas antes de la llegada de las cooperativas y reflejar cómo se llevan a cabo ciertas tareas. Cánticos y gritos de independencia de la mujer hacia el hombre se suceden, mientras faenan con toda la solemnidad. Pero estas beninesas destacan por su capacidad para sacarle a todo una sonrisa y siguen con sus bailes para honrar la presencia del extranjero.

Lea es una de las cuatro animadoras que recorren en moto, comprada también por la ONG, diferentes poblados para educar en valores: “Tenemos que intentar acoplar la información en poco tiempo porque después nos tenemos que ir al campo a trabajar. Han habido muchísimos avances con los programas de formación, ahora las mujeres van a las consultas prenatales, que antes les daba vergüenza ser examinadas por otras mujeres; dan a luz a sus bebés en los hospitales, antes lo hacían en sus casas; y a nivel de enfermedades, cada vez se acude más a los centros de salud que a medicina tradicional”.

Para Lea, este trabajo de formación tiene un valor fundamental porque, poco a poco, van cambiando algunos conceptos machistas: “La mujer ha ganado independencia. Ni se le escuchaba, ni se le tenía en cuenta. Con estos programas, la mujer defiende más sus derechos y se hace escuchar”.

Caroline es otra de las animadoras que muestra su implicación con esta labor educativa: “Venimos a trabajar con las mujeres, nos juntamos, hablamos de nuestros problemas, sufrimientos… Y vemos que todas juntas cogemos fuerza y podemos hacer muchísimas cosas. Se trabaja muchísimo la sanidad, la salud, la nutrición, cómo alimentar a los niños, la importancia de lavarse las manos, cómo tener la casa limpia, beber agua limpia, cuando los niños se ponen malos hay que llevarlos al médico rápidamente… Trabajamos la educación de los partos. Les decimos que tienen que ir al hospital a parir, que no lo hagan en casa. Además, el niño se registraría que hay mucha población que no lo está”.

Por otra parte, Caroline sabe que el conocimiento es poder y es la solución para algunos de los problemas que tienen estas mujeres con sus maridos: “Les explicamos cómo mantener las relaciones sexuales y les enseñamos los métodos para que no estén siempre embarazadas. También tratamos de que hablen con el marido y no siempre discutan, pero en este mundo es difícil porque se hace siempre lo que quiere el hombre. Se les dice que tienen derechos, que no se tienen que dejar pegar…”.

La formación es básica para entrar en las cooperativas. Necesitan dos años de aprendizaje y, cuando ya están dentro, continúan con el proceso educativo. Maíz, arroz, karité, cría de cerdos o de cultivo de huertas son algunas de las labores con las que estas mujeres consiguen una mayor independencia. Caroline señala que, en muchos casos, ha significado una liberación: “Han empezado a cultivar sus propios campos para no depender siempre económicamente del marido. Manos Unidas nos compró dos tractores y se utilizan para trabajar la tierra. Se adquiere un precio más bajo de lo que hay en el mercado para ayudarlas. Pueden recolectar su propio maíz y el hombre no le puede presionar por cuestión de dinero”.

Hace 21 años que nació el proyecto de las cooperativas y Manos Unidas financiándolo, pero cuando cumplió la mayoría de edad se decidió que era el momento de emprender el camino solo y actualmente es autosuficiente. El misionero destaca el trabajo con los microcréditos que hacen desde estos organismos: “Ponen un dinero en común y quien lo solicite tiene que explicar para qué lo necesita el y ven si lo conceden o no. Si hay alguna de la cooperativa que tiene una necesidad familiar se le tiene que ayudar”.

Las cooperativas no se quedan con el producto. “Ellas cobran por su trabajo. Si vienen con un barreño y quieren que les muelan el karité, eso cuesta un dinero. No hay cooperativas de más de 21 mujeres para tener un mayor control”, manifiesta el sacerdote. Tras la formación, la recreación de un pasado no muy lejano y la visita a las cooperativas, las mujeres han demostrado que son el verdadero motor en valores. Su carácter es agradecido y por eso no dudan en desprenderse de dos gallinas como ofrenda para la ONG que les ha ayudado a ser más libres.

A %d blogueros les gusta esto: