Entrevista a María José Becerra: “El 2016 marcó un peak en la creación de cooperativas”

Acelerada pero sonriente nos recibió María José Becerra Moro, economista de la Universidad de Chile, con especialización en la London School of Economics. La profesional hasta hace unos días fue la encargada económica del Gobierno de Chile, para el desarrollo de las cooperativas, asociaciones gremiales, asociaciones de consumidores y empresas B.

¿Cómo resume su experiencia a cargo de la DAES?

Ufff, fue un año intenso, extremadamente desafiante. No es fácil conducir una política pública que luego de décadas, y gracias a la tozudez de la Presidenta Michelle Bachelet, vuelve a estar en la palestra política y pública. La economía social, y espero que pronto acuñemos el concepto de solidaria, fue parte importante del motor de desarrollo económico del Chile del siglo XX; sin embargo, con el advenimiento de la dictadura militar, este modelo fue separado, mermado y silenciado. Luego en los noventa, el mundo de las cooperativas no fue resignificado como se hubiese esperado, por el contrario, se permeó la ideología económica imperante del laissez-faire y de los emprendimientos individuales por sobre los colectivos. Sólo en el gobierno de Ricardo Lagos tuvimos una Ley sobre cooperativas, y con la Presidenta Bachelet una nueva Ley, que fue de la mano de la creación de la División de Asociatividad y Economía Social dependiente del Ministerio de Economía, con la intención de crear una institucional y un nuevo impulso a este sector formal de la economía.

 

¿Dentro del tiempo como jefa de la división, cuáles fueron las actividades más relevantes en las cuales le tocó estar a cargo y participar?

Hubo espacios importantes de fomento a la economía social, y cambios al modelo de fiscalización a cooperativas, asociaciones gremiales, y asociaciones de consumidores; pudimos aportar a la siempre desde los territorios a la creación de incubadoras de cooperativas; fortalecimos el Consejo Público Privado de la Economía Social, integramos a las Universidades, y a más gremios relevantes como federaciones nacientes y empresas B.

No cabe duda que la elaboración del Reglamento de Cooperativas es un hito importante porque no sólo porque fija en transparencia la relación entre el ejecutivo y las empresas colectivas, sino porque éste se hizo en forma participativa, y me atrevo a decir con carácter vinculante.

También se elaboró un CENSO de las cooperativas, les preguntamos una a una, su estado. Esto claro que ayuda a la focalización de la política pública, a la segmentación. También alcanzó a estar lista la georreferenciación de estas. Este mismo CENSO se está trabajando para las asociaciones gremiales y las asociaciones de consumidores.

Lo que más me impactó fue el gran número de personas que nos solicitaron capacitaciones para asociarse, fueron más de 2.000 en todo Chile. Eso debiese dar luces que el valor de lo colectivo por sobre el egoísmo individual, están primando las relaciones económicas y sociales; también habla de un equipo de profesionales de la División altamente aperrado, un gran equipo dispuesto a estar en el territorio donde debiese elaborarse y enraizarse la economía.

¿Desde su impresión, cuál es el escenario actual de las cooperativas del país y que más falta por hacer?

Pienso que estamos frente a un buen escenario, pero con tejado de vidrio.  En 2016 marcó un peak en la creación de cooperativas, en el fortalecimiento de las multigremiales como la  Confecoop, en la visibilización del modelo, en la articulación intersectorial que se venía construyendo desde la creación de la División en 2014. Sin embargo, aún no tenemos una Ley marco que defina a la economía social como la economía basada en lo material, en lo colectivo y solidario.

Hemos hecho caso omiso a la recomendaciones de la OIT sobre el modelo cooperativo, para que decir de las desigualdades que enfrentan en la cancha una cooperativa versus una sociedad anónima basada sólo en la acumulación de capital y la maximización de utilidades. A muchos economistas que trabajan en el ejecutivo y a muchos legisladores les cuesta creer que sea posible una economía basada en principios éticos, donde la confianza está en el centro, que puedan ser democráticas, sostenibles, y que no depreden el medio ambiente. No confiamos en que, si apostáramos en serio en este modelo, nuestra distribución de la riqueza mejoraría, y que aumentaríamos en el mediano plazo nuestro mermado rendimiento económico.

¿Cómo ve el escenario de la economía y economía social en el país?

Cuando uno analiza en ciclos extensos el comportamiento de la economía chilena y la compara con sus pares de la OECD, uno puede concluir que este proceso de ralentización en la economía no será pasajero y depende de variables de carácter estructural.

Uno de los motores de la economía son los privados como resultado de su inversión. Sin embargo, lo que está pasando es que tenemos un grupo selecto de empresas chilenas de carácter transnacional basadas en recursos naturales, subsidiadas por el Estado, y que rentan de esta capacidad. Por otro lado, tenemos una gran cantidad de empresas concentradas en PYMES, que al estar basadas en un concepto de emprendimiento individual, no abaratan costos, no hay transmisión de aprendizajes, quiebran más, no logran acuñar el concepto de asociatividad para conformar escala, generar consorcios, insertarse en la economía nacional y mundial unidos.

Por el contrario, el modelo cooperativo tiene esto último inserto en su ADN, al ser empresas colectivas se comparte el riesgo, al ser democráticas, distribuyen las utilidades, en este caso excedentes, concretando una mayor distribución de ingreso al interior de las empresas y como externalidad a la comunidad que lo circunda. Al haber mejor distribución hay mayor demanda y mayor consumo tanto público como privado, por tanto mayor crecimiento del PIB. Por otro lado, como esta en su ADN cooperar, tienen mayor posibilidad de hacer encadenamientos productivos justos, hacer comercio justo.

Los países desarrollados lo saben y protegen el modelo asociativo, protegen a sus industrias locales, premian la democracia interna, subsidian a las empresas que resguardan y respetan los derechos humanos y los derechos de la naturaleza.

ES por todo esto, que hay que desideologizar este modelo: las cooperativas son exitosas económicamente, viables, justas, sustentables y hoy paritarias. Como sociedad hemos tratado de abrir el debate de qué áreas de la economía nos focalizamos, pero poco nos preguntamos qué tipo de empresas en Chile queremos.

¿ Cómo la juventud actual podría involucrarse más en este modelo?

Si están en el colegio pueden armar una cooperativa escolar, hay importantes ejemplos del cómo los estudiantes se organizan para comprar en conjunto los materiales de sus talleres extra escolares. Si salieron de un colegio técnico, pueden armar su cooperativa de trabajo o servicios; si son universitarios pueden hacer voluntariado o sus prácticas en cooperativas y luego en vez de salir al mercado a competir, pueden colaborar con sus pares para beneficiarse en conjunto.

Es importante para los estudiantes de economía intuir que la economía no empieza con Hayek y termina con Keynes. Hay que visibilizar que en Chile existieron cursos formales de cooperativismo, por ejemplo en la escuela de economía de la Universidad de Chile, incluso una universidad se dedicada a su estudio. Aquí hay un tremendo espacio de crecimiento para el modelo.

Finalmente, ¿cuáles son sus proyectos profesionales?

No me preguntaste cómo involucramos a las mujeres….!. Las mujeres son vitales en este modelo de desarrollo. Cómo se constituyen hoy las empresas más la desigualdad en la distribución de los roles reproductivos y de cuidado, las mujeres son expulsadas del mercado laboral como lo conocemos o son destinadas a la informalidad y a la precariedad dentro de él.

Mientras no cambien estos roles, podemos por mientras ayudar a organizarlas para que en vez de que los emprendimientos sean individuales e informales estos sean formales y colectivos. Qué distinto es ver a mujeres empoderadas desde sus barrios, cuando arman cooperativas ellas cooperan su tiempo, se cuidan, y tienen autonomía económica real porque son empresarias!. Es el mejor ejemplo de sororidad que conozco.

Y en eso estamos trabajando, bueno, una de las cosas en las que estamos trabajando. Hace poquito asumí la Presidencia de la Corporación Ciudad y Derechos. Es una organización sin fines de lucro que pretende empoderar a las y los ciudadanos desde el territorio, defender sus derechos, y provocar que la economía se democratice, que se desarrolle no solo desde la elite que concentra el capital, sino que se generen empresas justas en los barrios, donde las personas viven, crian y se desarrollan…

Decoopchile



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