Esta familia recorre América en bicicleta para revalorar productos naturales

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Sebastian, Alberta y sus dos hijas se han planteado una ruta de 13 mil kilómetros en el que planean conocer la variedad de insumos de la región.

Sebastian, Alberta, Anna y Angie, los integrantes de Happy Family Biocycling.

Dos bicicletas especiales para que las niñas viajen cómodas. Algunas maletas. Cámaras para registrar el recorrido y mucha buena actitud. Eso fue lo único que Sebastian y Alberta necesitaron para iniciar un viaje por América con el que buscan registrar, compartir y revalorar el trabajo de los productores naturales de nuestra región.

“Todo nació como un sueño, el sueño de poder viajar. Luego, pasó a ser un desafío, ir con niños y en familia. Muchas personas lo ven como algo imposible, pero nosotros estamos demostrando de que todo lo que se quiere se puede”, explica Sebastian desde la feria de productores de Apega, instalado en la cuadra 32 de la Av. Brasil, en Magdalena.

Sus hijas, Anna y Angie, fotografían los ajíes y tarros de miel que se exhiben en los stands antes de ponerse a jugar con otros niños que se acercan curiosos a ver las bicicletas en las que llegaron.

— Curiosas bicicletas las suyas… 
Sebastian: Sí, las niñas pueden pedalear o dormir, como prefieran. La idea es que se sientan parte del equipo poniendo su esfuerzo pero solo cuando quieren.

— ¿Dónde empezó el viaje? 
S: El 13 de enero del 2016 salimos de Ushuaia, la ciudad más al sur del mundo, en la Patagonia argentina. Al principio fue muy duro por un tema de equilibrio. A veces nos cansan las subidas, pedalear y el viento pero lo más difícil es poner a cuatro personas juntas las 24 por un año y medio. Cada uno tiene sus necesidades, así que debemos encontrar un punto medio entre todos.

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El viaje comenzó en el sur de Argentina, en enero del 2016. En la fotografía, la familia aparece en la ciudad de Recreo, provincia de Catamarca.

— Podemos decir que más que el físico, este viaje prueba a la familia.
S: Sobre todo eso. Si no se mantiene el equilibrio, no habríamos llegado hasta acá.
Alberta: Yo creo que mas bien la bicicleta nos ayuda a descargar las cosas negativas. Bueno, no cuando tienes el viento a 80 km/h en contra y de subida [risas].
S: Nos hacemos llamar Happy Family Biocycling… y si bien no siempre estamos ‘happy’ hacemos lo posible para serlo el mayor tiempo posible [risas].

— ¿Cuántos kilómetros han recorrido hasta ahora?
A: 8.500, más o menos. Pero la idea es completar 13 mil.

— ¿Les tomó solo 10 meses decidir cambiar su vida por completo? 
A: Sí, el 100% de nuestra energía estaba puesta en esto. Como decía Sebastian, empezó de un sueño, no teníamos el dinero pero sí las ganas.
S: La inversión inicial fue bastante grande. Con el equipaje, las bicicletas, el pasaje, las carpas; todo salió más de 10 mil euros (unos US$ 11.700). Y todo debe ser de buena calidad porque el viaje no se podía hacer con cualquier equipo.
A: El monto espanta un poco, ¿cierto? Pero si calculas el presupuesto para viajar en auto o en bus verás que son varios gastos más pequeños, día a día y que al final suman más.

— ¿Cómo solucionaron el tema del dinero?
S: Guardamos todo el dinero que pudimos, nos organizamos en nuestros trabajos, alquilamos nuestro departamento, preparamos las cosas y decidimos probar.
A: Además, escribimos el proyecto en varios idiomas y lo presentamos a diferentes instituciones y empresas buscando financiamiento.
S: Así es. De esa forma conseguimos el apoyo de Naturasi, Cereal Terra, Bios Line y la asociación deportiva de aficionados IBAS.

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Alberta posa ante la cámara.

— ¿Ya han enfrentado contratiempos? 
A: Nosotros tomamos el avión en enero pero mi bicicleta recién llegó en diciembre, los fondos igual, hemos tenido que pedir algunos repuestos sin saber si podríamos pagar todo, fue una locura pero teníamos confianza. Creíamos tanto en lo que hacíamos que estábamos seguros de que lo lograríamos.
S: Así es, pero nada grave que lamentar.
A: Yo, personalmente, salí con mucho miedo por la ruta, las niñas, la salud, la seguridad. Pero para ser sincera no nos ha pasado nada, el cariño que recibimos es mucho mayor a las situaciones incómodas. Nos hemos dado cuenta que muchas veces te pintan el mundo de una forma negativa.

— ¿Por ejemplo? 
A: Por ejemplo Lima. Yo no quería entrar porque todos nos advertían, decían que nos iban a robar, a matar, pero ya llevamos unos cinco días y nunca me he sentido incómoda. Claro, no hemos ido a los barrios más peligrosos, pero esa es una regla general. La publicidad que le hacen a las cosas es la que tiene que cambiar, si empezamos a ver las cosas de una forma más positiva sería más fácil animarse [a emprender viajes así]. Si siempre te dicen que no hay esperanza no te animas a hacer las cosas.

“SALÍ CON MUCHO MIEDO POR LA RUTA, LAS NIÑAS, LA SALUD, LA SEGURIDAD. PERO EL CARIÑO QUE RECIBIMOS ES MUCHO MAYOR A LAS SITUACIONES INCÓMODAS”.
ALBERTA.

— Su viaje fue pensado para revalorar los productos naturales. ¿Cómo planean hacerlo? 
S: Exactamente. Esa es la parte más importante del viaje. Este es un proyecto, viajamos en bicicleta y la elegimos porque es un medio sustentable y que no contamina. Va de la mano con la filosofía de viajar lento y mantenernos en contacto con las culturas locales y la naturaleza. Además, buscamos realidades del comercio justo y cultivos agroecológicos para luego replicarlos.

— ¿Cuántos productos han conocido hasta ahora?
S: Oficialmente, a más de 50 productores en toda Latinoamérica. Pero, quizás muchos más. La idea es conocerlos, compartir momentos con ellos y difundir su trabajo mediante nuestra página de Facebook. En el futuro queremos hacer un documental y un libro ilustrado que nos permita explicar mejor cada experiencia.
A: No imaginas las experiencias que tenemos. Entre las que más me gustaron están las que pasamos en el campo: cosechar cacao o habas. Nosotros buscamos el contacto con las personas más que los lugares turísticos, sentimos que eso nos enriquece.

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La familia posa junto a productores peruanos de cacao.

— ¿Ya les ha tocado comer algo extraño? 
A: Hay cosas que para ustedes son normales pero a nosotros sí nos llamó la atención. Por ejemplo, para nosotros ha sido raro comernos un cuy, lo veíamos como si fuera una mascota.

— Hablemos de las maletas, ¿cómo eliges qué meter en ellas para un viaje tan largo? 
S: Esa pregunta podría tomarme media hora responderla [risas]. En total, mi bicicleta, con las niñas encima, pesa unos 280 kilos. Alberta lleva 120 kilos. Adentro tenemos un poco de todo y debo confesar que no todo es útil…
A: No, todo es útil pero no todo es necesario.
S: Exacto. Lo digo porque las niñas llevan sus muñecas…

En este momento, Anna y Angie se unen a la conversación para interrumpir a su padre.

Angie: O mi diario, papá.
S: Sí. Cada uno puede llevar algo que sea especial, que nos recuerde a casa. Además, llevamos el equipaje electrónico, paneles solares y un dínamo conectado en las bicicletas para ir recargando todo.

— Niñas, ¿qué ha sido lo más bonito del viaje? 

Angie: Estar en familia, jugar.
Anna: Y los paisajes, todos son lindos. A mí me gusta la nieve, aunque acá todavía no hemos visto.

— Me dicen que llevan muñecas y su diario, ¿qué otra cosa han metido a la maleta? 
Anna: La tarea. Debemos hacerlas, tengo miedo de que al volver [a Italia] no esté con mis compañeros.

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Las niñas estudian bajo el modelo parental school.

— ¿Cómo hicieron con el colegio? 
A: Las niñas siguen educación parental, tenemos permiso del colegio y la municipalidad, cuando vuelvan darán un examen para nivelarse con sus compañeros. Por eso les importa tanto las tareas, no quieren perderse un año con sus amigos [risas].
S: Pero viajando han aprendido muchas cosas. Por ejemplo, cuando salimos de Italia no sabíamos una palabra en español y ahora cambian de acento argentino a chileno, peruano o boliviano [risas].

— Tras tanto tiempo, debe dar algo de pena imaginar el momento en el que el viaje termine. 

S: La idea inicial era terminar el viaje en Cartagena, Colombia, tras 20 meses. Pero la teoría no va siempre junto a la práctica, por eso decidimos completar el proyecto descubriendo Centroamérica, México y terminar el viaje en California. Le hemos sumado 10 países, por lo que en un año y medio más completaremos el viaje.

Fuente: elcomercio.pe

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