Investigadores de la UCM potenciarán los cultivos del ají “cacho de cabra” en el Maule

Investigadores de la UCM potenciarán los cultivos del ají “cacho de cabra” en el Maule

Un equipo de académicos de la Departamento de Ciencias Agrarias del Campus San Isidro, en Los Niches, comenzó a trabajar en un innovador proyecto que busca potenciar el cultivo y dar valor agregado a los productos derivados del ají.

El ají “cacho de cabra” es uno de los cultivos que, en las últimas décadas, ha desarrollado un gran potencial, incluso para la exportación, gracias a la enorme variedad de productos gourmet asociados, en especial el ají merkén.
Aunque este producto normalmente se asocia con el sur del país, es en dos zonas de la Región del Maule donde se cultiva la materia prima: Villa Prat, en la comuna de Sagrada Familia y Palmilla en Linares.
Para potenciar el cultivo y orientar a los agricultores en la fabricación de productos elaborados con resolución sanitaria, un equipo de investigadores de la Escuela de Agronomía de la UCM y financiados por el Fondo de Innovación para la Competitividad del Maule, iniciaron un proyecto para trabajar con la agricultura familiar campesina que se dedica al ají.
El equipo está liderado por el Dr. Diego Muñoz (director) e integrado por los académicos: Dra. Ximena Quiñones, Dr. Guillermo Saud, Nelson Loyola y el ingeniero agrónomo Juan Pablo Hernández.
El proyecto tiene tres dimensiones: la primera parte aborda temas relativos al cultivo, ya que se explorarán técnicas de injerto para hacer frente a las enfermedades del suelo.
“Cuando se cultiva por muchos años en un mismo lugar, en un mismo suelo, las enfermedades se vuelven cada vez más severas en su ataque. Entonces, la solución tradicional para eso es rotar, es decir, si ya cultivamos ají en este potrero el próximo año cultivaremos en otro lugar, para dejar descansar la tierra, así la enfermedad disminuye su intensidad. Sin embargo, hoy en día las tierras son escasas”, advierte Diego Muñoz.
Una solución a este problema y que se ha aplicado en otros cultivos como la sandía y el tomate, es usar un injerto.
“Se busca una planta que sea más resistente a las enfermedades del suelo, para sobre esa planta injertar la variedad deseada de ají. Esto no se ha hecho en Chile, hasta donde nosotros hemos pesquisado y en otros países sí hay experiencias en etapa inicial. Al parecer no es una práctica comercial muy extendida aún en el caso del ají. Así se podría hacer frente a este problema”, detalló el académico.
Un aporte real
En la segunda parte, que es el corazón del proyecto, se diseñará y construirá un módulo para el procesamiento del ají: en esta sala estarán los equipos necesarios, para procesarlo y elaborar distintos productos como pastas, mermeladas y deshidratados.
“Uno de los problemas es que la agricultura familiar campesina no tiene las condiciones, en este instante, para vender con resolución sanitaria. También ocurre que los productores venden materia prima que otras personas se encargan de procesar y obtener del valor agregado. La idea es que los productores maulinos puedan directamente agregar ese valor y beneficiarse”, explica el Dr. Muñoz.
La Dra. Ximena Quiñones agrega que si bien el grueso de la materia prima de la variedad “cacho de cabra” se produce en el Maule, el producto elaborado más famoso, el merkén, es identificado con la región de La Araucanía.
“Los productores de la zona, a pesar de que tienen una producción de ají que es histórica -más de 100 años-, sólo venden la materia prima a otras zonas del país, o elaboran productos procesados como pastas, salsas y merkén sin resolución sanitaria. De esta forma sólo pueden vender sus productos en el mercado informal, porque no tiene resolución sanitaria, sólo lo hacen de forma artesanal”, afirma la Dra. Quiñones.
Y la tercera parte de este proyecto, es generar la información necesaria para que los productores usen este módulo y cumplan las normas sanitarias para que ellos puedan vender sus productos con resolución sanitaria, con los permisos correspondientes.
“La idea de nosotros es hacer un módulo que sea lo más adecuado a su nivel de producción y que ese módulo pueda ser replicado con inversión pública o privada en sus explotaciones a escala familiar. Pensamos que con eso se puede agregar valor a la producción y, más adelante, en otra etapa, que ellos puedan poner marcas o denominación de sus productos´”, cuenta la Dra. Quiñones.
Este proyecto tiene como socios estratégicos a Indap y los Programas de Desarrollo Local (Prodesal) de las Municipalidad de Sagrada Familia y Linares.



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