POR QUE EL AVELLANO ESTA REVOLUCIONANDO EL AGRO

 

Gonzalo Naranjo usa una chaqueta térmica y se cubre con una bufanda. Es el último día de junio y, a pesar de que son poco más de las dos de la tarde, el frío hace difícil moverse por el huerto que supervisa en Camarico, en la Región del Maule.

Naranjo egresó de Ingeniería Agronómica hace nueve años y desde hace cuatro está a cargo de sacar adelante el gran proyecto agrícola de su familia: 40 hectáreas de avellanos.

Patricio, su hermano, es empresario transportista en la Región Metropolitana y ha sido el responsable de conseguir los $340 millones que han invertido en comprar y habilitar el campo. Aunque el padre de ambos tiene a cargo el campo de una importante empresa viñatera, no se les pasó por la mente incursionar en ese rubro.

Sabían de la baja rentabilidad de los productores de uva vinífera y la escasez de mano de obra que se vive en las zonas rurales.

El campo que compraron no había sido cultivado en décadas y la primera opción fue «tirarle» ganado encima para obtener algo de ingresos. En Camarico, como en buena parte de la zona que está al oriente de la Carretera Panamericana entre Curicó y Talca, los suelos son gredosos, duros y con alta retención de agua. Es el típico material del que están hechos los caminos rurales que atrapan automóviles. Por eso las opciones productivas no son muchas.

Después de investigar varias posibilidades de producción y sacar números, los hermanos Naranjo dieron con los avellanos. Les llamó la atención que la cosecha fuera mecanizada y que requiriera una menor inversión por unidad de superficie que otros frutales. En 2013 comenzaron a plantar y luego de tres años de espera ya ven los primeros resultados. Este año cosecharon 25 kilos en promedio por hectárea, todavía una fracción de lo que se espera para un huerto en pleno régimen, que Gonzalo Naranjo estima que llegue a 4.000 kilos por hectárea, pero adelantado un año a la meta inicial de entrada en producción.

Los hermanos Naranjo pudieron aprovechar los buenos precios de esta temporada, que llegó a US$ 4,7 por kilo de avellanas. Al momento de idear su plantación, calcularon que con US$ 2,3 por kilo ya tendrían una rentabilidad satisfactoria.

-Ha sido un trabajo intenso. Tuvimos que comprar un buldózer para hacer movimientos de tierra y habilitar el terreno. Además, pusimos camellones para plantar los avellanos. Sin embargo, estamos muy contentos por los resultados, pues han sido mejores que los que esperábamos, afirma Gonzalo Naranjo.

A un par de minutos del campo de los Naranjo hacia la cordillera, camino a Cumpeo, René del Río y Fernanda Pérez, marido y mujer, supervisan como va la plantación de 70 hectáreas de avellanos. La familia Del Río tradicionalmente ha sido productora de cerezas, con poco más de 50 hectáreas de ese frutal. Esa fruta tiene la reputación de tener una de las mejores rentabilidades del agro chileno. Sin embargo, René y Fernanda decidieron meterse de lleno en los avellanos. Factores como la sensibilidad de las cerezas ante las lluvias y las heladas, así como la complejidad de encontrar las 40 personas que se requieren para cosechar una sola hectárea de ese fruto, los empujó a dar el salto hacia el fruto seco.

Los Del Río Pérez calculan que están invirtiendo cerca de 4 millones de pesos por hectárea para crear el huerto de avellanos, incluyendo la habilitación de pozos para regar las plantas.

A simple vista cuesta ver los árboles de cincuenta centímetros recién plantados. Salieron con un año de vida desde el vivero y lucen delgados y sin hojas. En un lustro deberían alcanzar los dos metros de altura.

-Queríamos diversificar riesgos. En todo caso, las 70 hectáreas que plantamos es una prueba para ver cómo nos va, afirma René del Río.

La historia se repite en la zona, huertos de avellanos comienzan a poblar el centro sur del país.

-La Región del Maule es conocida por ser el corazón de la producción de vino, pero en unos años más va a cambiar el paisaje. Hay muchos agricultores, como yo mismo, que están arrancando viñas para plantar avellanos, afirma Rodrigo Viñambres, empresario de la construcción en Talca y que en su faceta de agricultor llegará a 375 hectáreas de avellanos este año.

-Es un rubro con potencial. Tiene una baja inversión inicial y la posibilidad de ser mecanizado, afirma Michael Wallace, gerente de Agroindustria del Banco Bice.

El cultivo del avellano es la nueva niña bonita del agro.

Las estimaciones de la industria es que este año se plantarán 3.000 hectáreas adicionales, un récord histórico. Hasta hace un par de años, la superficie crecía a un ritmo de 1.000 hectáreas por temporada, hasta alcanzar cerca de 14.000 el año pasado.

Detrás de la revolución del avellano están los altos precios pagados por AgriChile, el brazo productivo de la chocolatera italiana Ferrero, en las dos últimas temporadas.

Según cálculos de la empresa AgroReyes, que asesora 4.000 hectáreas del fruto seco, en 2015 los agricultores recibieron en promedio US$ 6,7 por kilo de la variedad giffoni, mientras que en 2016 se llegó a US$ 4,4 por kilo.

En el lustro anterior, los pagos a los productores se movieron entre los US$ 3 y US$ 3,9 por kilo, según AgroReyes.

-Me acuerdo de la primera reunión de productores con AgriChile a la que fui en 2011. Éramos poquitos, en la última, que fue este año, había un par de cientos de personas. En el último tiempo explotó el interés por plantar, afirma Robert de la Mare, ex banquero internacional y hoy productor de avellanos.

el fantasma del kiwi

Uno de los hitos del boom de exportaciones frutícolas que vivió Chile en los años 80 fue el auge del kiwi. Atraídos por los altos precios, las plantaciones se dispararon. A la vuelta de unos años, el mercado colapsó por el aumento de la excesiva oferta y muchos productores terminaron sacrificando su patrimonio por la aventura en la que se metieron.

Por eso, cada vez que hay un auge de plantaciones siempre se agita el fantasma del kiwi. El avellano no escapa a esa preocupación.

Más aún, el cultivo del fruto seco tiene un elefante en medio de la pieza. Más del 90% de la compra de avellanas está en manos de una sola mano: AgriChile.

-Siempre nos preguntan ¿por qué meternos en un rubro en que la principal empresa se puede ir y dejarnos con la plantación hecha? De partida, respondo que hay que considerar que hemos invertido US$ 100 millones en el par de décadas en que el grupo Ferrero llegó a Chile. Tenemos miles de hectáreas propias plantadas y construimos una planta peladora el año pasado. Además, en todos los productos estrellas de Ferrero, como Nutella y el bombón Rocher, la base son las avellanas. Tenemos 23 fábricas en el mundo y el año pasado inauguramos una más en China, donde el bombón es muy apetecido. En Canadá la demanda por nuestros productos crece a tasas de dos dígitos anualmente y en Estados Unidos tenemos un mercado con mucho potencial, afirma Camillo Scocco, ejecutivo de AgriChile.

En la firma explican que la demanda de Ferrero es sólida. Solo en los últimos cinco años habría crecido en 60 mil toneladas de avellanas. Para tener una referencia, Chile en la actualidad produce 15 mil toneladas anuales.

-Aunque mi experiencia ha sido buena hasta ahora, me parece muy comprensible la precaución de los agricultores por la existencia de un gran poder comprador. Hay que tener en cuenta que muchos de ellos lo han pasado muy mal con las empresas vitivinícolas o los molinos, afirma Rodrigo Viñambres.

Sin embargo, para Robert de la Mare el punto central no es si existe o no un gran poder comprador, sino cómo se comporta la demanda.

-Tomemos el caso del vino, ¿de qué les sirve a los agricultores tener muchos compradores? La demanda mundial por vino chileno está estancada. En cambio, la de los avellanos crece firme, argumenta De la Mare.

De hecho, en la industria se estima que el consumo promedio crece casi al 5% anual (ver infografía).

Los competidores de AgriChile no han podido quitarle espacio de mercado, pues sistemáticamente han ofrecido un precio más alto.

Camillo Scocco tiene una explicación para ese comportamiento.

-Hay que tener en cuenta que los productos que fabrica Ferrero no son baratos, eso se logra porque las personas tienen una buena experiencia al consumirlos. Eso nos obliga a tener materia prima de primera calidad. No nos interesa especular con los precios, afirma Scocco.

Rodrigo Viñambres cree que solo es cosa de tiempo para que aparezcan nuevos compradores.

-Con 17 mil hectáreas plantadas, la oferta chilena todavía no es tan grande. Sin embargo, con el aumento de producción que se avecina en los próximos años, va a haber espacio para que se instale un comprador grande como, por ejemplo, Cadburry o Nestlé o Kellog’s, que hoy se abastecen a través de Ferrero, que también es un comercializador de avellanas.

En la actualidad, la oferta chilena se acerca al 1,5% de la oferta mundial. De hecho, todavía aparece en las estadísticas de «otros países (ver recuadro).

¿Y hacia dónde van las expectativas de crecimiento de la superficie chilena?

En AgriChile afirman que a 2030 debería haber cerca de 30.000 hectáreas de avellanos.

Sin embargo, Andrés Reyes, dueño de AgroReyes, es más ambicioso y estima que el potencial del país estará en torno a las 50.000 hectáreas.

Reyes explica, que por ahora, la gran limitación para un crecimiento más rápido es la falta de plantas en los viveros.

-Todavía son proyectos de 50 hectáreas, más o menos. Hay inversionistas internacionales interesados en ingresar y cuando eso suceda, este rubro va a crecer a otra escala, afirma Andrés Reyes.

Contrato a largo plazo

Acostumbrado a abastecerse a través de cooperativas de agricultores en Italia o comprando a intermediarios en Turquía, Ferrero decidió meterse más directamente en la producción agrícola el año pasado.

Su primer paso fue crear Hazelnut Company, para consolidar su abastecimiento de avellanas. De ella depende su producción en el hemisferio sur. En Argentina, que partió en conjunto con Chile hace dos décadas, está estancada en cerca de 300 hectáreas por los problemas climáticos y políticos del vecino país. En Sudáfrica recién están plantando en la provincia de KwaZulu Natal, para ver el potencial en ese país. En Australia, Ferrero tiene cerca de 2.000 hectáreas plantadas en Nueva Gales del Sur.

La segunda parte de la estrategia de Ferrero fue la compra de Olan, el principal comercializador de avellanas de Turquía. En el rubro de las avellanas se asume que es parte de una estrategia de mejorar la calidad de procesamiento en ese país, pues allí se trabaja con tecnologías antiguas que le restan calidad a la avellana procesada.

La ola de cambios de Ferrero también llegó a Chile. El año pasado, AgriChile introdujo por primera vez contratos de largo plazo. En parte, apunta a dar una señal de solidez en la demanda, una de las inquietudes de los agricultores.

Por otro lado, a la filial de Ferrero le permite asegurar el abastecimiento con un horizonte amplio.

Las opciones son a 3, 5, 7 y 10 años y se considera como primer año cuando un huerto alcanza los mil kilos de producción por hectárea.

El precio a pagar se fija de acuerdo al precio promedio de exportación de Turquía, con una bonificación de 16% en el caso de la variedad giffoni. Además, se asegura un pago mínimo de US$ 2 por kilo de avellanas.

El empresario agrícola Roberto Viñambres cree que ese nivel permite asegurar una rentabilidad incluso en los años de malos precios.

Entre los productores consultados por Revista del Campo, se estima que el costo de producción de una hectárea de avellanos bien trabajada -que debería rendir 2.800 kilos por hectárea en pleno régimen, al séptimo año- está en torno a los US$ 2.769 al cambio de la semana pasada.

Viñambres es más optimista, en todo caso, respecto a la rentabilidad futura del avellano.

-Si AgriChile puso US$ 2 por kilo como mínimo, es porque piensan que el precio futuro va a ser bastante superior. Yo me proyecto a un precio en torno a los US$ 3 por kilo. Eso significa una rentabilidad por hectárea cercana a los US$ 5.000 si soy eficiente como productor. Claramente, los avellanos pueden sacar a muchos viñedos de la Región del Maule, remata Viñambres.

FUENTE: ECONOMÍA Y NEGOCIOS