Lecheros dan su receta para salir de la crisis

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Establecer un control económico sobre el mercado lácteo y desarrollar cooperativas de productores para avanzar en el procesamiento de la leche son los caminos que directivos de Manuka y Chilterra, dos exitosas empresas de productores lecheros, ven como solución ante un mercado que, a su juicio, no funciona en la compra de leche fresca.

El precio pagado por los procesadores de leche en los últimos dos años y medio bajó 22%, período en que los productores enfrentaron la peor sequía de los últimos 50 años, que redujo la producción de leche cruda, aumentó los costos y llevó a la reducción de la masa ganadera. Al mismo tiempo, el precio a público aumentó 8,5% y las utilidades de al menos uno de los procesadores casi se duplicaron.

La situación llevó a que la recepción de leche en Chile bajara a una tasa de 3,7% anual en ese período y a que el volumen de 2016 fuera similar al de 2008; es decir, se retrocedió nueve años en producción. Mientras, la cooperativa Colun, formada por productores lecheros, daba un gran salto en participación de mercado, al pasar de 17% a 27% en 10 años.

Hasta 2008, la producción chilena crecía más que el promedio mundial, pero de ahí en adelante la situación se invirtió y comenzó a caer, mientras el mundo seguía creciendo, a un ritmo de 1,8%.

Así, Chile pasó de ser un país con un superávit lácteo de 64 millones de litros en 2008, equivalentes a US$ 124 millones, a otro con déficit de 20 millones de litros, que representa unos US$ 40 millones en 2016.

Desde 2008, las empresas Manuka y Colun han tenido un crecimiento anual significativo, en cambio, la producción de los lecheros más pequeños y no asociados a Colun ha decrecido en forma importante.

La masa ganadera chilena presenta la mayor tasa de reducción en Sudamérica en 2015, con 2,6%, en tanto que en el mundo la cantidad de vacas lecheras se ha incrementado a tasas anuales de 2%.

En Chile el precio a productor de leche entre 2010 y 2015, al igual que en Nueva Zelandia, ha estado 9% bajo el valor del precio internacional de los commodities lácteos. Eso se justifica en el caso de los neozelandeses, que son exportadores netos, ya que producen 880% más de lo que necesitan para el consumo local, pero no para Chile, que se ha convertido en un importador, ya que su producción no alcanza a cubrir sus necesidades.

A todas luces es un sombrío panorama el que se extrae de las presentaciones hechas por representantes de Manuka y Chilterra, dos de las principales empresas que agrupan a productores lecheros del país, consideradas como de las más eficientes en su negocio en Chile. Las cifras las mostraron en el Congreso Nacional y concluyeron que en Chile no existe un mercado competitivo en la compra de leche cruda, y que esa sería la razón de la actual crisis por la que ha atraviesa el sector primario lácteo. En la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados tuvieron tal impacto las presentaciones de Roberto Santamaría, socio y director de Chilterra, y de Cristián Swett, gerente general de Manuka, que la entidad tomó una serie de acuerdos, como oficiar al Ministerio de Agricultura para que reactive la Mesa Nacional de la Leche y se mejore la información estadística, pero también a la Fiscalía Nacional Económica para que investigue eventuales distorsiones en el mercado y se tomen las medidas que corresponda.

Mercado imperfecto

“A esta situación se llega porque no tenemos un mercado competitivo; por lo tanto, los que ocupan una posición ventajosa en el sistema tienen la capacidad de implementar el modelo que quieren. Desarrollaron uno en los últimos 10 años que no corresponde al país, pero tienen la capacidad de hacerlo, porque es un mercado donde la libre competencia no funciona. Eso ha llevado a que los precios promedio en Chile para los últimos 10 años, de acuerdo con IFCN, International Farm Comparisom Network, de Alemania, han estado 9% bajo los precios internacionales de los commodities, que es más o menos parecido a lo que pasa en Nueva Zelandia, que exporta aproximadamente el 97% de su producción en forma de commodities, entonces es súper lógico que sus precios internos tengan esa relación, pero Chile es un país deficitario, no es capaz de producir lo que consume; por lo tanto, todo va a consumo interno en productos de alto valor”, señala Roberto Santamaría.

En cambio, otros países como Estados Unidos, Holanda e incluso Canadá, que tiene algunas particularidades, que son parecidos a Chile porque son deficitarios, tienen un precio interno superior a los precios internacionales de los commodities, añade el especialista.

Pero no solo afecta a los productores, sino también a la empresa procesadora.

“El actual sistema de pago genera distorsiones a tal nivel que Chile tiene un precio menor al pagado en Nueva Zelandia. Esto no tiene sentido, ya que es un importador neto de leche y Nueva Zelandia, en cambio, es exportador neto. En general, los bienes transables tienen un menor valor en los países que producen más que su demanda interna, y ese no es el caso de la leche. Este sistema no solo perjudica a los productores sino también a las compañías que procesan y comercializan la leche, por cuanto se ven año a año enfrentadas a problemas de mayor desabastecimiento. Una empresa que invierte en tecnología para tener costos más bajos y así poder pagar más por la leche no logra conseguir captar más a través de un mayor precio, ya que si lo sube, las demás plantas procesadoras hacen lo mismo, con lo cual no obtiene un mayor volumen, solo mayores costos. Este sistema no incentiva la inversión en la cadena láctea en su conjunto”, plantea Cristián Swett.

La responsabilidad la tendría el sistema de compra.

“En Chile tenemos una situación que es controlada por un oligopsonio, que son los compradores de la leche cruda, que pueden poner el precio que quieren y, dado que están controlados por una empresa neozelandesa, Fonterra, que es la dueña de Soprole, que es la que lidera todo este proceso, han decidido implementar este modelo que tienen en Nueva Zelandia, pero que no tiene nada que ver con la lógica local. Eso se demuestra porque las utilidades de Soprole en los últimos años han sido extraordinariamente altas, en circunstancias que hemos tenido dos sequías seguidas, bajas en la producción y bajas en la recepción de leche cruda. Fíjese como funciona el mercado en Chile de imperfecto. Se ha recibido menos leche y, al mismo tiempo, se ha bajado el precio en alrededor de 30% en ese período. En todo mercado que funciona bien cuando hay menos oferta aumenta el precio. Esos son datos de Odepa, datos de producción y, por otro lado, los precios también han bajado. Que alguien me explique. Además, los costos de los productores primarios han subido, porque cuando se usa pasto y hay una sequía tiene que usar alimentos producidos que son cinco veces más caros”, destaca Santamaría.

Con el actual esquema, Santamaría cree que el sector va a desaparecer. Es lo que está empezando a pasar con los pequeños y medianos productores que están cerrando.

“Es una realidad que el agricultor comercializa un producto del cual no tiene poder de negociación por tener tres características: es perecible, no es almacenable y es un commodity. Al producir la leche la vende al precio que le ofrezcan las plantas de proceso o la pierde, no puede almacenarla y negociar. Este factor sumado a una concentración por parte de las plantas de proceso hace que el precio no tenga relación con la oferta y la demanda como debería ser en cualquier industria”, agrega Sweet.

La unión como defensa

¿Cómo se sale de esto? Ambos analistas coinciden en que es necesario avanzar con cooperativas de productores en la industrialización de la leche, pero también se sugiere establecer controles económicos en este mercado que consideran imperfecto.

“Los números señalan que hay un abuso de posición dominante. El mercado definitivamente no funciona aquí, aunque me encantaría que estuviera funcionando, pero no es así. Y cuando eso ocurre, como en el sector de la energía o de los servicios sanitarios, para evitar que una posición dominante abuse hay que poner controles económicos. No hay vuelta”, señala Roberto Santamaría, socio de Chilterra.

Argumenta que, entre otros, Alemania, Estados Unidos y Holanda, países que están más avanzados en este tema y son más eficientes, tienen controles económicos.

“En Estados Unidos, los procesadores cada cierto tiempo recurren a la Corte Suprema para que les elimine los controles económicos, porque hoy día no serían necesarios, y la corte sistemáticamente falla diciéndoles que este es un sector que por sus características se ha demostrado que, aunque indeseables, los controles económicos son necesarios, ¿y qué hay en Chile?, cómo vamos a lograr que todos los actores se comporten bien cuando últimamente lo que hemos visto es todo lo contrario?”, señala Santamaría.

El director de Chilterra agrega que en el mercado nacional hay un oligopsonio que, a su juicio, en la práctica sería un monopsonio.

“Se las han arreglado para que por cada zona geográfica de recepción de leche las capacidades de proceso estén muy igualadas con la capacidad de producción. Entonces, trate que un productor significativo se cambie de una planta a otra. No se puede. Hay un solo comprador. Por otro lado, para que haya competencia perfecta en cada zona debería haber el doble de capacidad de proceso que la que se necesita, para que cualquiera se pueda cambiar, lo cual, reconocemos, sería muy ineficiente. Entonces, ya, tengamos una capacidad de procesamiento para no tener que invertir tanto en plantas, pero eso significa que se le da un monopsonio a una procesadora y, por lo tanto, se tiene que regular. No hay vuelta. Porque, ¿cuánto se va a demorar en empezar a comportarse mal?”, dice el representante de Chilterra.

Chile tiene potencial para llegar a los niveles de producción de Nueva Zelandia, la leche podría ser la segunda mayor exportación de Chile, pero para eso es necesario corregir los incentivos a los productores a través de un cambio en la estructura de la industria láctea, destaca Cristián Swett.

“El mejor modelo es una integración vertical. Las cooperativas lácteas sin discusión son los casos de mayor éxito a nivel mundial en todos los países que son potencias lácteas. En Chile, Colun sin duda es el caso de mayor éxito, pero a pesar de que es la mayor compañía láctea de Chile solo absorbe un tercio de la leche, los otros dos tercios están sujetos a este sistema de negociación unilateral. Es necesario incentivar, promover y facilitar la formación de cooperativas en Chile. Esa es la verdadera solución y la solución de largo plazo, en el intertanto se deben explorar otros sistemas de regulación como los usados en EE.UU. o en Europa”, señala Swett.

Arnaldo Guerra Martínez
Reportaje
El Mercurio

Fuente:  Estrategia

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