Cooperativas: Diversidad en el ecosistema

Hoy las vemos en sectores como el agrícola, pesquero, financiero. Pero son muchos otros los ámbitos en los que las cooperativas pueden dar un impulso con su particular forma de ver el negocio.
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Resulta paradójico que mientras Chile basa la mayor parte de su desarrollo económico en las materias primas, un modelo de empresa que precisamente se focaliza en asociar a los productores de este segmento no sea más protagonista de políticas públicas y privadas.

Recientemente se dio a conocer el estudio de reputación RepTrak 2017, donde la empresa Colún alcanzó la excelencia con más de 80 puntos. Desde los 70 fundadores hace 68 años, hoy superan los 730 socios que han logrado agregar valor a su gestión, manteniendo estándares de calidad en sus productos, competir con grandes transnacionales en un sector difícil, con prácticas de buen gobierno corporativo y un bien ganado afecto público, en un entorno en que varios de sus rivales han sido cuestionados por sus prácticas competitivas.
Nuestra institucionalidad, sin embargo, ha sido muy errática frente a las cooperativas. Después de los años de esplendor bajo Frei Montalva, que supo ver en este segmento el puntal para sus reformas pro economía social; fueron perseguidas por Allende y Pinochet por razones diametralmente opuestas: por calificarlas como el aburguesamiento de las clases campesinas y como polos de subversión marxista, respectivamente.
Sin duda, esos fueron sus días más aciagos. Recientemente, gobiernos de derecha e izquierda las vienen reconociendo como actores valiosos: el actual gobierno firmó un nuevo reglamento que fortalece a las cooperativas y flexibiliza los requisitos para poder constituirse como tales, al mejorar su capacidad de gestión. Actualmente en Chile existen 1.403 cooperativas activas, según cifras del Ministerio de Economía.
Las cooperativas constituyen un modelo virtuoso de asociatividad que debemos mirar con más atención. Aunque su origen está en la Inglaterra de la Revolución Industrial, han sabido coexistir con las grandes corporaciones, aportando diversidad al ecosistema empresarial. De alguna manera, son las antecesoras de las que hoy conocemos como empresas B: tienen valores distintos, porque se mueven con la convicción de que la unión hace la fuerza y, por ello, logran generar riqueza de una manera muy propia, con buenas prácticas de gobierno corporativo.
De paso desafían la funesta profecía de la tragedia de los bienes comunales y le dan la razón a la Nobel de Economía, Elinor Olstrom, que plantea el valor de respuestas que movilizan a los protagonistas de la actividad económica a nivel local, por sobre las diseñadas por la planificación central o el mercado guiado por la mano invisible.
Las cooperativas ciertamente representan la mano visible del capitalismo solidario o el auto – interés iluminado con que soñaba Adam Smith.
Si junto a las cooperativas, consideramos a todas las organizaciones sin fines de lucro del país, estamos frente a, por lo menos, 1,5% del PIB nacional. Hoy las vemos en sectores como el agrícola, pesquero, financiero. Pero son muchos otros los ámbitos en los que las cooperativas pueden dar un impulso con su particular forma de ver el negocio.
Gonzalo Jiménez Seminario
Presidente de Proteus Management Consulting
Director Centro de Familias Empresarias & Empresas Familiares UDD

Fuente: estrategia.cl