El Arduo y Desvalorizado Trabajo de los Salineros de Yoncavén

En familia se trabaja y se mantiene viva la tradición, sin embargo conforme han pasado los años, las oportunidades de venta para los salineros han disminuido considerablemente. Los pocos clientes que llegan a la zona quieren pagarles la mitad de lo que ellos consideran que vale su trabajo. Una de las sustancias naturales más abundantes…

En familia se trabaja y se mantiene viva la tradición, sin embargo conforme han pasado los años, las oportunidades de venta para los salineros han disminuido considerablemente. Los pocos clientes que llegan a la zona quieren pagarles la mitad de lo que ellos consideran que vale su trabajo.

Una de las sustancias naturales más abundantes en el planeta es el cloruro de sodio, mejor conocido como sal, que si bien está asociado a su uso alimentario, también cuenta con potenciales beneficios para otras áreas en las que se desarrolla la humanidad. Durante los tiempos de los imperios tanto Romano como Egipcio, la sal era sinónimo de poder, en ocasiones con mucho más valor que el oro, y era usado como método de pago para soldados y funcionarios públicos, de allí el origen de la palabra en latín ‘salarium’, en referencia a la remuneración recibida por trabajo realizado.

Para las culturas indígenas existes entre los años 1500 a.C.-1521 d.C, la importancia del  ritual de la sal, estaba asociada al tributo y el poder geopolítico que proporcionaba. La llegada de los españoles al continente americano cambió la demanda de este recurso, así en un mundo sin refrigeración artificial, resultaba imprescindible su uso de la sal para conservar los alimentos: para almacenar carnes y pescados en la época de invierno, cutir pieles, intervenir en el proceso de obtención de la púrpura y mejorar el vino de la época.

El llamado “oro blanco” también se produce en la región del Maule. A más de dos horas de distancia de Talca, y tras transitar por una larga carretera de tierra se llega al poblado de Yoncavén, ubicado en la comuna de Vichuquén, perteneciente a la provincia de Curicó. Sus habitantes forman parte del patrimonio cultural inmaterial de la región del Maule, ya que por años se han dedicado a la extracción artesanal y tradicional de sal, un oficio transmitido de generación en generación, manteniendo un fuerte arraigo identitario local.

Entre los meses de septiembre y abril, los salineros y las salineras de Yoncavén realizan una labor ardua, aprovechando el agua de mar procedente de las playas de Boyeruca, poblado de la región de O´Higgins con que colinda la comunidad maulina, para la extracción artesanal de sal tras la evaporación del agua.

Un amor heredado

El reloj marcaba las 10:30 de la mañana y a lo lejos se veía un hombre a pleno sol costero en las zanjas que dividen los cuarteles del paisaje salinero. Su nombre es Arsenio Cordero, quien a sus 70 años ha dedicado toda su vida a la producción de sal.

Sus ojos azules resaltan, mientras que su piel está tostada por el sol que lleva mientras trabaja en su parcela desde las 8:00 a las 20 horas. Con una cálida sonrisa inicia la conversación diciendo que él nació en las salinas. “Cuando tenía siete años atravesé corriendo el camino de mi casa a la salinera. Era un camión amarillo, mi papá me gritó y yo me caí. Justo en ese momento pasó el camión y quedé debajo de él, frenó y yo salí corriendo de debajo sin un rasguño, solo por la emoción de llegar a la salinera”, cuenta como anécdota Cordero.

Se trata de un amor heredado de su padre, quien nació en Lipimávida y tras perder a su primera esposa decidió mudarse a Yoncavén. Allí se inició como agricultor en el Fundo Zapallar, pero le tocó aprender el oficio de los salineros del cual se enamoró, así como de doña Magdalena Valenzuela con quien se casó y tuvo cuatro hijos, uno de ellos Don Arsenio.

“Yo ayudaba a mover el agua entre los cuarteles (también llamadas piezas, son las cuadrículas donde se produce la sal), con un tarrito chico que aún conservo. Antes todo el trabajo era manual, ahora se usan bombas”, cuenta el salinero, quien fuera de la temporada de sal trabaja también como maestro en Yoncavén, Llico y las zonas cercanas al Lago Vichuquén.

Otro que heredó el amor por el oficio de los salineros de su padre fue Elías Rojas Muñoz, quien a sus 71 años sigue trabajando en su parcela en Yoncavén. No descansa ni los domingos, pues asegura que en la producción de la sal lo importante es estar pendiente de cada cuartel para asegurar la producción.

El arduo proceso

En los seis meses entre el otoño y el invierno, la naturaleza hace de las suyas para concretar el proceso de las salineras. Aumenta la marea y desde Boyeruca se traslada 5 kilómetros adentro hasta formar una laguna en Yoncavén. Allí se entremezclan el agua de la lluvia y de mar que da inicio a la temporada salinera.

En septiembre, cuenta Cordero, inicia el trabajo fuerte con la limpieza de las parcelas. Los salineros y las salineras deben sacar toda la lama (barro acumulado en el fondo) y dar formas a las piezas o cuarteles de 30×60. Este proceso dura alrededor de un mes y medio dependiendo del número de cuarteles con el que cuente el salinero, quien mediante una herramienta con forma de rastrillo en madera al que le denominan “sarrero”, busca dejar el barro prensado y seco en el fondo para abrir las compuertas de madera y darle paso al agua de mar.

“En ocasiones el agua de las mareas se desbordan hasta la entrada de las viviendas. Desde el terremoto de 2010, el terreno donde se forma la laguna en Yoncavén bajó en un 10% y se ha comenzado a depositar mayores masas de agua. Antiguamente éramos como 300 salineros que íbamos por los canales limpiando a mano la lama, ahora las aguas trasladan con bombas eléctricas y apenas son alrededor de 70 salineros en la zona”, explica Cordero.

Cada cuartel debe ser llenado con al menos 10 cm de agua salada y cumple una función en específico, unos son cuajadores (donde se concentra la producción de sal) y otros recogedores (que permiten el paso del agua de una pieza a otra).

Durante la temporada salinera los cuarteles cuajadores son llenados de tres a cuatro veces, en cada una de las oportunidades se necesitan al menos 25 días para alcanzar el proceso final de la sal. Por cada pieza se pueden extraer entre 300 y 500 sacos de sal de 25 kilos.

“Uno de los problemas de producción son las heladas que dañan la sal. Cuando esto sucede la sal se cuartea en el proceso de cuaje y toma un sabor amargo que no es recomendable para el consumo humano, así que ese trabajo se pierde. Se le llama sal con cascarilla”, cuenta Elías Rojas, quien además asegura que este año las heladas se adelantaron por lo que probablemente la temporada salinera se recorte antes de lo previsto.

Durante el proceso de cuaje se realiza la producción en mayor grado de sal marina gruesa, pero al mismo tiempo en los bordes de los cuarteles se va acumulando sal fina, mejor conocida como sal espuma, que debe ir siendo recolectada con mayor frecuencia. En el caso de las salineras de Don Arsenio, es su esposa, Alicia Rojas, quien realiza este trabajo con una pala pequeña de plástico para evitar dañar el resto de la producción.

Al finalizar el cuaje, se procede a sacar la sal, para ello se emplean palas de madera que deben ser arrastradas suavemente sobre la superficie de la pieza. Cordero dio muestra de cómo se realiza a la perfección y detalló que para este proceso deben contar con al menos cinco personas más, a las que además de pagarle por día, les dan de comer. “Nos ayudan jóvenes de Yoncavén, Boyeruca y hasta de Llico”.

La sal es trasladada desde los cuarteles hasta la orilla de las salineras en carretillas con ruedas de gomas, para ello se colocan tablas sobre los espacios de una pieza y otra, con el objetivo de evitar que se dañe el terreno. Ya en la orilla, la sal es vaciada sobre una lona o sobre un lote pequeño de sal vieja para proceder al proceso de secado que dura entre 15 días y un mes, posteriormente son envasadas en sacos de 1,2 y 25 kilos, para proceder a su venta.

La parte fina que queda pegada a la lama o barro también debe ser sacada para preparar el terreno para futuros cuajes. Esta mezcla de barro y sal, si bien no es adecuada para el consumo humano, puede ser usada en otros ámbitos como por ejemplo para la agricultura.

“Aunque mucho lo desconozcan, esta sal grisácea se puede usar en los cultivos. Cuando el terreno ya está listo se esparce un poco, sobre todo en las siembras de los porotos y papas, así se matan los gusanos y se mantiene la húmeda la tierra, esto mejora la agricultura y poco se conoce”, explica Elías Rojas.

Un trabajo desvalorizado

A sus 84 años, Adán Valenzuela se divide entre el trabajo en los cerros y en la salinera donde junto a su hijo mayor extrae sal marina. Si bien asegura que ahora el trabajo es más fácil que antes, la labor se ha desvalorizado ya que han bajado las ventas y los compradores quieren poner un precio que no corresponde.

Actualmente el saco de 25 kilos de sal es vendido en $5.000, sin embargo, los productores de Yoncavén aseguran que deberían estar por los $10.000 como hace cuatro años atrás, cuando tras un pequeño receso Arsenio Cordero decidió retomar el oficio.

Cordero recuerda que para entonces los sacos se vendían por grandes cantidades, “de 100, 200 y hasta 1000 sacos, ahora solo nos compran entre 100 y 200. En lo que va de año hemos sacado 1.500 sacos y solo he vendido 200”, cuenta.

Valenzuela por su parte relata que trabajar la sal requiere de recursos económicos y humanos. “Para empezar desde cero y limpiar una parcela se amerita maquinaria y unos 7 millones de inversión. Para iniciar las temporadas se necesita invertir unos 500 mil pesos, para la recolección de la sal se necesitan entre 7 y 10 trabajadores a los que se le pagan 30 mil pesos diarios”.

Al respecto, Elías Rojas cuanta que antes los compradores venían antes de enero, cuando se comienzan a sacar los primeros sacos de sal, “preguntaban ¿cuándo va a sacar ese cuartel? Uno le daba fecha y se lo encargaban a uno. Venían compradores desde Curicó, Talca y otras regiones, pero ahora no”.

Además señala que antiguamente eran los compradores los que traían los sacos, “pero ahora nosotros tenemos que comprarlos, envasarlos y cosérselos. Los sacos están por los 160 mil, un gasto más para nosotros. A eso súmale el pago del arriendo de la bomba de agua. En Talca el saco de sal de mar lo venden en $15.000 y aquí se quejan por los $5.000 que pedimos, cuando la sal les dura entre uno y dos años, pagan más de $20.000 por un saco de harina que les dura 20 días”.

El salinero Geodiel Rojas, conocido en Yoncavén como “Lelo”, comentó que si bien existen agrupaciones de salineros artesanales en Yoncavén, Boyeruca y Lo Valdivia, muy poco se ha avanzado en este tema, aunque resalta que algunas gestiones permitieron entregar ayuda gubernamental a varios productores, aunque en su caso nunca ha sido beneficiario.

“Este es un trabajo artesanal, tradicional y patrimonial, pero lamentablemente conforme han pasado los años muchos salineros lo han dejado y han buscado otras opciones de trabajo porque no se gana, se subsiste. Para tratar de mantener el oficio muchos lugareños se han asociado, produciendo a medias o por porcentajes”, advirtió Geodiel.

Trabajo familiar

El trabajo en las salineras de Yoncavén se realiza en familia. Si bien los productores se asocian y trabajan a medias, cuentan con la ayuda de su núcleo familiar para realizar el proceso de limpieza de los cuarteles, de los cuajos y de la recolección de sal. Son principalmente los hijos los que participan en el proceso, lo que permite que el oficio se vaya heredando de generación en generación.

Sabías qué…

Los asientos son sales grisáceas mezcladas con altos niveles de tierra y barro que no se pueden ser consumidos por los humanos, sin embargo son muy buenos para usarlo en el cultivo ya que matan los gusanos y mantienen las tierras húmedas.

No se escapan de la delincuencia

Hace dos años, Arsenio Cordero fue víctima del robo. Cuenta que desde su parcela le sustrajeron al menos 50 sacos de 25 kilos de sal. Luego de ello debió tomar medidas al respecto y construyó un “granero” en un terreno contiguo a su vivienda, donde espera mantener en buen estado los sacos que producen en esta temporada.

Fuente: culturamaulina.cl