SEMBRAR PARA EL FUTURO: CRECE LA AGRICULTURA BIODINAMICA EN MISIONES

abundancia

Desde que comenzó a trabajar en la chacra, Rosana Silva sintió la necesidad permanente de producir de manera saludable y natural. Durante muchos años, su esposo Tarticio se dedicó a la producción de tabaco a través del uso de agroquímicos, hasta que la familia decidió hacer un cambio e incursionar en la agricultura biodinámica. Actualmente, forman parte del grupo de productores misioneros de la Cooperativa La Abundancia.

 En su finca, ubicada en un paraje de Puerto Rico, la pareja junto a sus tres hijos se dedican a la plantación de mandioca, rosella, sésamo, jengibre, variedad de verduras, plantas medicinales y más, sin utilizar pesticidas ni otros aditivos. Con esa materia prima, elaboran los productos de Güembé, el emprendimiento que hoy sostiene la economía del hogar.
La casa de la familia perteneció al abuelo, quien le transmitió conocimientos y el amor a la tierra a su hijo Tarcisio. Ahora, junto a Rosana, intentan continuar con el legado desde una mirada consciente en el cultivo hacia sus hijos, José Adrián, Marina y Kevin que, a su vez, estudian en la escuela con orientación agraria (EFA).
Gracias al aporte de la Cooperativa La Abundancia, la familia realizó capacitaciones de biodinámica para enriquecer los conocimientos y curar la tierra con los materiales que obtienen de la chacra. Comercializan en las ferias cercanas y, cada quince días, envían canastas de verduras para vender en Posadas.
“Cuando eramos productores de tabaco, hace once años, uno se da cuenta que el sistema no es bueno, ni para la naturaleza, ni el ser humano, ni en lo económico, porque a corto o largo plazo no es rentable para el productor. Si bien muchos cosechan de manera convencional, es porque no ven otra salida y no le han ofrecido algo diferente”, opina Rosana.
La transición en la manera de producir fue lenta, pero los resultados se observaron rápidamente. “En un principio parece que es más trabajo, pero hacés una vez bien y luego te dura por mucho tiempo”, dice.
Hoy en la chacra, trabaja respetando los tiempos de la tierra, asegura Rosana: “Por dentro muchos sienten que hay esa necesidad pero no se animan a hacerlo. Incluso, la yerba y el maíz son cultivos que se adaptaron y son de acá, no necesitas usar químicos. Y lo más importante es que podes involucrar a la familia y a los chicos, sin tener que decirles ‘no te acerques porque hay veneno’. De ese modo, uno puede transmitir ese amor a lo que uno hace a los chicos. Y también desarrollar el valor agregado para que le quede más al productor”.

La cooperativa
Carolina Gutiérrez es socia fundadora de la Cooperativa La Abundancia, fue presidente durante el primer mandato y actualmente, ocupa el rol de secretaria. En su finca El Lapacho, ubicada en Colonia Gisela, produce yerba mate orgánica.
Además de creer en los ritmos de la naturaleza y anular el uso de pesticidas en la cosecha, Gutiérrez explica que el objetivo de la cooperativa también es tratar que el agricultor pueda brindarle un valor agregado al producto. “La cooperativa ayuda en la venta y a desarrollar el interés en cada productor. La ventaja es que el productor siempre está incentivado y están pensando en sacar nuevos productos y eso enriquece a la cooperativa”.
En el 2010, obtuvieron la certificación Demeter por materia prima orgánica y la biodinámica. “En el transcurso de los años aumentó el interés por parte de los agricultores en crear cultivos naturales y comercializar”, dice Carolina.
Además, la idea es abastecer verduras a las familias locales, y tener un espacio para promocionar la alimentación saludable. Con ese objetivo, la cooperativa comenzó a enviar canastas de verduras también en Posadas. También comercializan en las feria itinerante Tierra que Anda, que se realiza en Jardín América, Montecarlo y Puerto Rico.

Un puente a Posadas
Darío Fank es el nexo entre los productores de la La Abundancia y los consumidores de Posadas. De profesión farmacéutico, su interés se centra en las plantas medicinales, por eso decidió abrir el pequeño local Ñande Poa (Tucumán 1852) donde también vende los productos de la cooperativa.
Se comercializan pickles, conservas, mermeladas dulces, semillas, aceite, miel y jugos. Ahora implementó pan integral de harina integral y orgánica, y distribuye las canastas que llegan desde el interior. “La gente está empezando a escuchar y a interesarse por una alimentación saludable. Gente que compra finca y chacrita y quieren practicar biodinámicamente”, dice Darío.
De manera autodidacta, Darío fue aprendiendo sobre agricultura biodinámica y fitoterapia. Su escuela fue El Hormiguero, una finca de Mariana Mampaey ubicada en Ruiz de Montoya, donde se preparan las cremas terapéuticas, las tinturas y las hierbas secas con plantas que tienen un estudio científico avalado.
“Estamos buscando una salida alternativa a lo que nos puede ofrecer la medicina clásica porque no vemos soluciones, no vemos cura”, opina y agrega: “Mi visión particular es que estamos en pleno cambio de paradigma, en todos los aspectos, en lo político, lo económico, social y lo médico, hay un cambio grandísimo que tiene que ver con un cambio de la gente, es un cambio que está pasando internamente”.
Hoy, Darío consume verduras y frutas elaboradas de manera agroecológica, y reflexiona: “La tierra ya nos está poniendo sus limites. Tenemos que trabajar y usar lo que tenemos y revertir cosas que estamos haciendo mal. Y mucho de eso parte de la elección individual. Acá llega gente que ya tiene un problema o se enferma de manera frecuente y está cansada de no tener resultados”.

Fuente: El Territorio

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