Setenta años después de Kaldor: ¿cuánto ha cambiado realmente la economía chilena?

En 2026 se cumplen 70 años de la visita de Nicholas Kaldor a Chile, economista húngaro-británico, profesor del King’s College de Cambridge y una de las figuras centrales del pensamiento poskeynesiano del siglo XX. Llegó al país en 1956 invitado por Raúl Prebisch para trabajar en la sede de la CEPAL en Santiago. Su tarea principal era colaborar en los primeros estudios sobre política fiscal para países en desarrollo, pero durante su estadía también preparó un ensayo sobre la economía chilena y dictó conferencias en el Programa de Adiestramiento para el Desarrollo Económico de la CEPAL[1].
El texto que surgió de esa experiencia, Problemas económicos de Chile[2], publicado posteriormente en El Trimestre Económico, es notable no solo por su diagnóstico, sino por la incomodidad que todavía produce. Kaldor observó un país con vastos recursos naturales y humanos, con condiciones favorables para alcanzar altos niveles de producción y bienestar, pero atrapado por factores sociales, institucionales y políticos que impedían transformar ese potencial en desarrollo efectivo. Para él, Chile no era pobre por falta de recursos, sino por la incapacidad de organizar sus instituciones, sus incentivos y su estructura productiva de manera coherente con el crecimiento y la justicia social.
Su diagnóstico identificó varios problemas estructurales. Primero, la inflación y la fragilidad de la balanza de pagos aparecían como preocupaciones permanentes de los gobiernos chilenos. Sin embargo, Kaldor no las entendía solo como fenómenos monetarios o externos, sino como síntomas de una economía mal organizada, sometida a controles múltiples, tipos de cambio diferenciados, restricciones al comercio exterior y políticas públicas sin una visión integrada de desarrollo. Segundo, advirtió que la economía chilena estaba cruzada por una tensión persistente entre intereses particulares y el interés colectivo, sin mecanismos institucionales adecuados para resolver esos conflictos. Tercero, Kaldor fue especialmente crítico del sistema tributario, sostenía que los controles físicos, las prohibiciones y las licencias, eran instrumentos inferiores frente a una política tributaria bien diseñada. A su juicio, el Estado necesitaba recaudar mejor, no solo para financiar gasto corriente, sino para liberar recursos hacia la inversión productiva, la educación y la formación de capacidades.
En su análisis, la carga tributaria chilena era insuficiente, crecientemente dependiente de impuestos indirectos y poco eficaz para gravar utilidades, patrimonio y rentas altas. Estudios posteriores sobre su paso por Chile destacaron que el sistema impositivo era complejo, inequitativo y vulnerable a la inflación; incluso la agricultura prácticamente no tributaba. Cuarto, identificó el estancamiento agrícola como un obstáculo estructural; para Kaldor, la concentración de la tierra, la baja productividad del agro y la débil generación de excedentes alimentarios limitaban no solo el bienestar rural, sino también la expansión industrial y urbana. En su lectura, sin una reforma agraria y sin una transformación productiva del campo, Chile tendría dificultades para sostener un proceso amplio de industrialización y crecimiento.
De su análisis propone cuatro grandes recomendaciones: 1) restablecer la estabilidad monetaria; 2) reformar la política cambiaria y comercial para favorecer la competencia sin abandonar la industrialización; 3) introducir una reforma administrativa y fiscal capaz de financiar inversión en recursos materiales, humanos y educación; y 4) realizar una reforma agraria que liberara las fuerzas productivas latentes en la agricultura.
Setenta años después, Chile es otro país. La pobreza se redujo de manera significativa, la infraestructura es más amplia, el acceso a educación superior se masificó, la economía se integró al mundo y las instituciones macroeconómicas son mucho más sólidas que las de mediados del siglo XX. La inflación ya no es el fenómeno crónico que marcó buena parte de la historia económica chilena, y la agricultura dejó de estar concentrada en poco productores. También cambió la gestión del Estado: hay un Banco Central autónomo, reglas fiscales, apertura comercial, políticas sociales más extensas y una economía más diversificada y orientada a las exportaciones.
Pero sería apresurado concluir que el diagnóstico de Kaldor pertenece solo al pasado. Varias de sus preocupaciones siguen vigentes. La primera, el crecimiento; Chile creció con fuerza durante décadas, pero hoy enfrenta un bajo crecimiento y una persistente dificultad para mejorar su productividad. La OCDE[3] ha señalado que el crecimiento se ha debilitado y que su recuperación depende de remover barreras estructurales, impulsar la innovación, la transformación digital, y mejorar su capital humano y participación laboral.
La segunda, Kaldor veía en la debilidad tributaria un obstáculo para financiar el desarrollo. Hoy, aunque el país cuenta con un sistema mucho más moderno, la discusión sigue abierta: la OCDE estimó que la recaudación tributaria de Chile se ubicó en torno al 21% del PIB, nivel que considera insuficiente para responder a demandas sociales y sostener inversión pública en áreas como infraestructura, educación, salud y cambio climático. La nota país de Revenue Statistics in Latin America and the Caribbean 2025[4] mostró, además, que la carga tributaria chilena cayó de 23,8% del PIB en 2022 a 20,6% en 2023.
La tercera, Kaldor observó que el crecimiento chileno beneficiaba poco a los campesinos, obreros y sectores de menores ingresos. Chile ha avanzado en la reducción de la pobreza, pero las desigualdad se mantiene en la distribución del ingreso, participación en el patrimonio, en la educación, los territorios y el acceso a redes siguen condicionando la movilidad social. El problema ya no es el latifundio en los términos de 1956, sino una estructura de oportunidades donde el origen social, el territorio y la calidad de los servicios públicos continúan influyendo en los destinos individuales. La cuarta, el escaso valor agregado que las actividades económicas desarrollan. En tiempos de Kaldor, el debate giraba en torno a industrialización, agricultura, cobre y balanza de pagos. Hoy se habla de litio, hidrógeno verde, inteligencia artificial, transición energética, encadenamientos productivos y sofisticación exportadora; pero la pregunta de fondo permanece ¿cómo transforma Chile sus ventajas naturales en capacidades tecnológicas, empresariales e institucionales propias?. Y dejar de exportar recursos con bajo valor agregado, mientras importamos conocimiento, tecnología y modelos de gestión.
La quinta, su advertencia sobre la fricción entre los intereses particulares y los objetivos colectivos. Chile ha avanzado en democracia, transparencia y estabilidad macroeconómica, pero muchas reformas estructurales siguen enfrentando bloqueos, desconfianzas cruzadas y dificultades para construir acuerdos de largo plazo. La discusión tributaria, previsional, educacional, territorial y productiva muestra que el problema no es solo técnico: es la capacidad política de pactar un horizonte compartido.
A 70 años de su visita a Chile, los problemas identificados por Kaldor cobran vigencia, porque obligan a pensar la economía como un sistema donde crecimiento, distribución, tributación, productividad e instituciones no pueden tratarse por separado. La pregunta que nos podemos plantear no es si Chile ha cambiado o no; claramente ha cambiado, la pregunta más incómoda es por qué, habiendo cambiado tanto, seguimos discutiendo asuntos tan parecidos: cómo crecer más, cómo distribuir mejor, cómo financiar responsablemente el desarrollo de los territorios, cómo aumentar la productividad y cómo construir instituciones capaces de anteponer el interés colectivo a la suma de presiones particulares. Quizás la principal enseñanza de su visita es darnos cuenta que los países no se desarrollan solo porque tienen abundancia de recursos, o acceso a mercados o estabilidad macroeconómica; se desarrollan cuando logran transformar sus capacidades latentes en proyectos colectivos sostenidos.
fuente: https://diario.uach.cl/setenta-anos-despues-de-kaldor-cuanto-ha-cambiado-realmente-la-economia-chilena/
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