Suiza, un modelo cooperativo para todo el mundo

En Suiza, las cooperativas no solo son un modelo económico, sino también un pilar cultural y político. Este sistema, basado en la colaboración y el principio de “una persona, un voto”, se refleja en la vida cotidiana: desde supermercados como Coop y Migros, donde millones de suizos compran sus alimentos, hasta bancos cooperativos, empresas de autos compartidos y medios de comunicación públicos organizados bajo esta forma. En suma, no hay modo de que un habitante suizo no participe al menos de una cooperativa, ya sea de servicios, de consumo o de producción.
En ciudades como Zúrich, donde los costos de vida son elevados, las cooperativas de vivienda garantizan alquileres accesibles, beneficiando especialmente a familias monoparentales y sectores de menores ingresos. Según un estudio sectorial, una de cada cinco viviendas en Zúrich pertenece a cooperativas, un modelo que podría inspirar soluciones para la crisis habitacional en Argentina.
¿Qué define a las cooperativas?
A diferencia de las sociedades anónimas, donde el poder se concentra en quienes poseen más acciones, las cooperativas priorizan la igualdad: cada socio tiene el mismo peso en las decisiones. Las ganancias se reinvierten o se distribuyen equitativamente, fomentando un modelo sostenible y solidario. Este enfoque, que combina objetivos prácticos e idealistas, ha generado en Suiza miles de empleos y un impacto económico significativo, con las diez mayores cooperativas aportando el 10,6% de la producción bruta nacional en 2022.
Un legado histórico con relevancia actual
El cooperativismo suizo tiene raíces profundas. Desde el siglo XV, comunidades locales gestionaban recursos como pastos y agua de forma colectiva, sentando las bases de la Confederación Helvética. Un ejemplo emblemático es el pacto de Törbel (1483), estudiado por la Nobel de Economía Elinor Ostrom, que destacó la adaptabilidad y la gestión colectiva como claves del éxito.
En el siglo XIX, el movimiento cooperativo moderno, inspirado por iniciativas como las de Rochdale (Inglaterra), dio origen a asociaciones de consumo y producción. Figuras como Karl Bürkli, pionero del cooperativismo y la democracia directa, consideraban a las cooperativas el “origen” de la identidad suiza. Hoy, con 8.100 cooperativas registradas para un país que tiene poco más de 8 millones de habitantes y el tamaño de la provincia de Tucumán, Suiza demuestra que este modelo sigue siendo relevante.
Un ejemplo para la Argentina
En Argentina, donde el cooperativismo tiene una larga tradición —especialmente en sectores como la agricultura, la banca y los servicios públicos—, el modelo suizo ofrece lecciones valiosas. Las cooperativas de vivienda podrían ser una alternativa para abordar la escasez de hogares asequibles en grandes ciudades como Buenos Aires, Córdoba o Rosario. Además, el enfoque suizo de reinvertir ganancias en la comunidad podría inspirar a cooperativas argentinas a fortalecer su impacto social y económico.
Cooperativismo global y su eco en el país
A nivel mundial, existen tres millones de cooperativas que generan uno de cada diez empleos. En 2025, la ONU celebra el “Año Internacional de las Cooperativas”, destacando su rol en la economía sostenible. En Argentina, donde cooperativas como las de servicios eléctricos o agrícolas son fundamentales en muchas regiones, este modelo podría potenciarse adoptando prácticas suizas, como la diversificación de sectores (vivienda, consumo, tecnología), el enfoque de “grupo económico” y la promoción de la democracia participativa.
No obstante, a pesar de su éxito, las cooperativas suizas enfrentan retos, afirma un informe reciente del portal oficial SwissInfo. Gigantes como Coop y Migros, que dominan el mercado minorista, han sido criticados por priorizar su expansión comercial sobre los ideales cooperativos. En Argentina, donde las cooperativas también enfrentan tensiones entre sostenibilidad económica y compromiso social, el equilibrio entre ambos objetivos será clave para su futuro.
El cooperativismo suizo, con su capacidad de unir comunidades y generar impacto económico, ofrece un modelo inspirador para nuestro país, donde la solidaridad y la gestión colectiva ya forman parte de la identidad nacional. ¿Podría la Argentina mirar a Suiza para revitalizar y expandir su propio movimiento cooperativo?
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